domingo, 31 de agosto de 2014

EL CARNICERO (Le boucher) [Actualizada]


IN MEMORIAM CLAUDE CHABROL (1930-2010)

AÑO: 1970
DIRECCIÓN / GUIÓN: Claude Chabrol
PRODUCCIÓN: André Génovès
B.S.O: Pierre Jansen
FOTOGRAFÍA: Jean Rabier
REPARTO: Helene (Stéphane Audran), Popaul (Jean Yanne), Angelo (Antonio Passalia), Père Cahrphy (Pascal Ferone), Leon Hamel (Mario Beccara), Charles (William Guérault), inspector Grumbach (Roger Rudel).


Cuento de amor aderezado con gotas de sangre, cantidad suficiente de asesinatos y cerezas en aguardiente

INTRODUCCIÓN:
Chabrol, figura clave de la nouvelle vague que revolucionó el cine francés en los años 60, debutó en la gran pantalla de un modo singular: gracias a la herencia de su primera esposa, herencia con la cual financió su ópera prima El bello Sergio. El apodado Hitchcock francés, fue, como diría Fréderic Mitterrand (ministro de cultura de Francia) un “analista sutil, divertido y feroz de la sociedad y sus lacras”. Sin embargo, en el caso de una joya cinematográfica como es El Carnicero, no se aprecia ni rastro de esa habitual vena crítica de Chabrol, sino que tanto la descripción del lugar como sus habitantes, es más bien magnánima (de hecho, la película está dedicada a los habitantes de Trémolat, que además participan como extras y secundarios).


En ella, se hace patente la máxima “menos es más” y nos sorprende con su sobria puesta en escena junto a un sencillo argumento, donde el predominio de la imagen sobre el diálogo resulta evidente o sus elocuentes silencios, cuentan más que las palabras, anteponiendo aquello que se intuye a lo que se muestra y haciendo que los asesinatos, pasen a un segundo plano. A diferencia de lo que viene siendo habitual en otros casos (muchos de ellos, bastante mediocres), en los que se juega con el espectador a averiguar quién es el asesino, el film se centra en la psiquis criminal y atávica del mismo, adentrándose peligrosamente en esos espacios lóbregos e ignotos que algunos denominan prohibidos. No se juzga al criminal, que se halla perfectamente integrado en el entorno, sino que se asume como algo natural que nos demuestra que hasta el peor de los ogros tiene alma.


A medida que transcurre el film y los dos protagonistas se van aproximando emocionalmente, Chabrol va acercando su cámara para mostrarnos dos partes bien diferenciadas: una primera de presentación y contacto, donde el alejamiento respeta el espacio de los personajes, y una segunda, en la cual se acerca a ellos para compartir la funesta danza final. De este modo, el director consigue atraparnos con un inquietante y perverso romance plagado de simbolismos (grutas, ascensor...), de una belleza visual y emocional abrumadora. Romance complementado a la perfección por su magistral B.S.O. que acompaña las escenas principales, así como la realista fotografía de los personajes, que contrasta con la casi pictórica del pueblo.


Y si tras esta disertación, todavía continúan pensando que están ante otra película más de asesinatos, sangre y vísceras por doquier, no pueden estar más equivocados, pues esta atípica historia de amor y pasiones reprimidas, es un deleite para los sentidos que solamente aquellos que posean una sensibilidad especial, serán capaces de comprender. Pasen y lean si están dispuestos a correr el riesgo, sino, más vale que pasen de largo.


SINOPSIS:
1968, Trémolat, campiña francesa. Algo atroz acecha la paz del valle Dordogne. Popaul, el carnicero del lugar (un ser marcado por sus traumas del pasado), conoce a Helene, profesora de la escuela local (mujer fría y con carácter que suple su falta de afecto, propiciada por un desengaño amoroso, con su labor como maestra). Ambos entablan amistad hasta que ésta llega a un punto sin retorno. Mientras esto sucede, comienzan a aparecer cadáveres por los aledaños de la villa, todos ellos de féminas. Ya en el insólito y fatal desenlace, nos vemos inmersos en una inquietante atmósfera de lo más “hitchcockiana” y onírica, casi de pesadilla: los árboles que parecen venirse encima o la lúgubre e interminable carretera que asemeja expirar del mismo modo que la breve historia de amor que pudo haber sido y no fue y culmina con el rostro impávido de una solitaria Helene a la luz de los faros de su coche, mientras desaparece entre la niebla alborea.

  
ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES:
Chabrol manifiesta su gusto por la gastronomía inclusive en el plató: antes de rodar sus películas, ofrecía un ágape a los actores “para comprobar que no se había equivocado“, como solía decir.


Stéphane Audran, era musa y esposa de Chabrol durante esa época.


Si prestamos atención a las figuritas que coronan la tarta nupcial que aparece al comienzo, veremos que miran hacia lados opuestos, un indudable guiño a los malos presagios que más tarde acontecen.


ESCENAS MÍTICAS (¡Atención, spoilers!):


- El largo travelling que sigue a la celebración de la boda, donde Popaul y Helene charlan sobre sus respectivas vivencias y culmina con la llegada de la profesora a su escuela-hogar, recordándonos éste último a otro plano similar que aparece en L'Atalante (Jean Vigo).


- La escena de las grutas con pinturas rupestres, en la cual Helene explica a sus alumnos cómo el hombre de Cromagnon se dejaba llevar por sus impulsos primarios (alegoría a los instintos carnales y brutales -consecuencia del rechazo- de Popoul).


- Y por último, uno de los instantes más sublimes y magníficos de toda la película: el primer plano en el cual se ven caer unas gotas de sangre sobre la tostada de una niña. Sangre proveniente de una mano que cuelga en lo alto del barranco, donde Helene encuentra el mechero que regaló a Popaul junto al cadáver de una joven.


DIÁLOGOS PARA EL RECUERDO:
1) - ”Si no se hace el amor de vez en cuando, se vuelve uno loco”. (Popaul)
    - “Haciéndolo, también se vuelve uno loco...” (Helene)


2) - ”Mire lo que le he traído, espero que le guste. Cerezas en aguardiente, y de las buenas, no esa guarrería que dan en los bares. Mire qué gordas son, ¿le gustan?”. (Popaul)
    -”Sí, mucho... enseguida las probamos”. (Helene)
    -”Creo que nunca las había comido tan grandes”. (Helene)
    -”Están buenísimas, ¿eh?, ¿Qué le parece?”. (Popaul)
    -”Formidables”. (Helene)


3) - ”¿Se ha fijado en el olor de la sangre? todas huelen igual, la de los animales y la de los hombres. Hay unas más rojas que otras, pero todas huelen exactamente igual”. (Popaul).


MORALEJA:
No dejemos que se apague el “piloto del ascensor” sin haber aprovechado la oportunidad de ofrecer nuestro Amor a los demás. Mañana puede ser demasiado tarde y el mundo está repleto de almas solitarias a las que un simple gesto, les puede devolver la vida...


“Hay mucha que gente que vive como un imbécil una vida idiota, aunque el cine, a veces, puede servir para que la gente sea menos imbécil. No soy paranoico, pero en la sociedad hay una conspiración para que la gente viva una vida idiota”. (Claude Chabrol).
- THE END -



1 comentario:

  1. Es maravillosa la disección que has hecho de la película, cómo has podido analizar lo que se esconde en los corazones de estas almas solitarias en esa campiña francesa. Los diálogos que has escogido son estupendos, los detalles spoiler en que no me había fijado, como los muñequitos de la tarta, también. Desconocía que la actriz era la esposa de Chabrol.
    Y la moraleja, devastadora: podemos devolver la vida a alguien sólo con un gesto.

    Felicidades, porque al leerte me han venido todas las escenas a la cabeza, y tus recomendaciones siempre resultan muy interesantes, disfruto con ellas, lo que parece "menos, es más".

    Un abrazo.

    ResponderEliminar