lunes, 21 de enero de 2013

EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO (The Man With the Golden Arm)


AÑO: 1955
DIRECCIÓN: Otto Preminger
GUIÓN: Walter Newman & Lewis Meltzer
B.S.O: Elmer Bernstein
FOTOGRAFÍA: Sam Leavitt    
REPARTO: Frankie Machine (Frank Sinatra), Zosch (Eleanor Parker), Molly (Kim Novak), Gorrión (Arnold Stang), Louie Fomorowski (Darren McGavin), Zero Schwiefka (Robert Strauss), John (John Conte), Vi (Doro Merande), Sam Markette (George E. Stone), Williams (George Mathews), Dominowski (Leonid Kinskey), Detective Bednar (Emile Meyer)


“El mono nunca muere, cuando lo abandonas, se sienta en un rincón a esperar su oportunidad” (Louie)


“El tipo que me enseñó a tocar dice que nací con el ritmo en el cuerpo, que no puedo fallar, que tengo el brazo de oro puro (...) Ya lo tengo todo planeado. Me haré llamar Jack Duvall.” Con estas palabras pronunciadas por el protagonista principal al inicio, se desvela en parte el porqué del título que da nombre al film. La otra parte de la explicación a tal título, la hallamos en su antiguo sustento de vida como timbero y la portentosa mano con la que reparte las cartas, aunque lamentablemente también en su adicción a la heroína. Asimismo, existe una canción Jazz denominada El hombre del brazo de oro.


Basado en la novela de Nelson Algren y mucho antes de que ésta se convirtiera en best-seller, El hombre del brazo de oro se intentaría trasladar a la gran pantalla por el actor John Garfield, quien adquirió los derechos de su adaptación. Finalmente el proyecto no pasaría los controles de la censura, pues el código Hays de 1924 prohibía expresamente tratar la droga en el cine, declarando que “el tráfico de drogas no debe ser mencionado para evitar despertar la atención de los espectadores”. Posteriormente y ya fallecido John Garfield, Otto Preminger logró convencer a  la United Artistes y hacer realidad el proyecto de Garfield. Tras superar la imperante censura del Hollywood del momento y escandalizar anteriormente a la profesión con The Moon Is Blue (1953), Preminger convirtió a El hombre del brazo de oro en la primera película que trataba de forma explícita la adicción a la heroína, planteando uno de los temas tabú de la conservadora sociedad americana de la época.


Preminger nos conduce de la mano por los vericuetos propios del cine negro, reflejados del modo más realista en su ambientación y sus personajes, para finalmente toparnos con una sublime fotografía que nos envuelve y un eximio guión donde la adicción afectiva es tan o más relevante que la adicción a la heroína o a los juegos de azar.


Sorprenden especialmente las memorables interpretaciones de los tres protagonistas principales, destacables tanto por sus luces, como por sus sombras: el antihéroe, quien decidido en un principio a reconducir su vida, se halla de nuevo sumido en una vorágine de dependencia exacerbada ocasionada por la culpabilidad que le acecha desde su pasado, su descenso al mismísimo averno y su resurgimiento cual ave fénix; la resignada y desvalida esposa que sufre estoicamente las consecuencias ocasionadas por su consorte, que es en realidad una auténtica vampira emocional, posesiva y manipuladora, con un concepto enfermizo y egoísta del amor, y que aferrándose a su aparente vulnerabilidad, emplea las más viles argucias para retener a su esposo a su lado sin importarle siquiera que resulte perjudicado o que sus caprichosos anhelos impidan la recuperación y evolución de éste; por último, descubrimos a la clásica femme fatale, la cual se revela como un ser angelical y redentor, una guardiana incondicional convertida en acogedor refugio y luz en el oscuro camino que representa la vida, y que acaba dándonos una valiosa lección acerca de que el significado del amor verdadero se encuentra en la diferencia existente entre querer y amar.


Así pues, pasen y acomódense en sus asientos mientras se dejan incomodar por esta estremecedora y acerba obra del celuloide donde la auténtica droga que es la del amor genuino y el buen gusto, recorrerán cada uno de sus sentidos como la sangre corre por sus venas. Están a punto de convertirse en unos verdaderos yonkis del séptimo arte, quedan ustedes avisados.


ARGUMENTO:
En los barrios marginales de Chicago, un experto jugador de poker conocido como El Hombre del Brazo de Oro, regresa a su hogar tras un breve periplo entre rejas. Cargado de ilusiones y decidido a emprender una nueva vida lejos de partidas clandestinas y de la heroína, su sueño es convertirse en batería de Jazz. Pero pese a su gran talento musical y sus deseos de alcanzar el éxito, se ve sumido de nuevo en ese entorno que le corrompió, siendo sometido constantemente a chantajes y manipulaciones de todo tipo hasta el punto de verse involucrado en un asesinato del que termina siendo acusado. Sin embargo, como contrapunto a esos personajes que albergan tanto odio en su interior, que no sólo le empujan al abismo, sino que además son capaces de hacer que cargue con el muerto, también cuenta con el apoyo incondicional de una buena amiga que le recuerda que siempre estará ahí dispuesta a brindarle su afecto, a alentarle en su nueva vida e infundirle el valor necesario para enfrentarse a su adicción, pues el auténtico amor no pone condiciones ni normas, tan sólo desea que el otro sea feliz en cada momento de su vida.


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES:
Analogías cinematográficas y literarias: Días sin huella (Billy Wilder, 1945. Galardonada con cuatro Oscar); Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962. Premiada con un Oscar a la mejor canción por Days of Wine and Roses); El Imperio de la Fortuna (Arturo Ripstein, 1985); El jugador (F. Dostoievsky) y su versión cinematográfica homónima (Károly Makk, 1997); Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000).


En un principio, se pensó en Marlon Brando para interpretar el papel protagonista. Tal como comentaba Otto Preminger en una entrevista: “Cuando tuve treinta o cuarenta páginas del guión, pasé una copia al representante de Sinatra y otra al de Marlon Brando para que tuvieran una idea del argumento. Al día siguiente, el representante de Sinatra me llamó y me dijo: «Le gusta mucho», y yo le conteste: «Vale, cuando tenga el resto del guión se lo mando». «No» dijo él, «quiere hacer la película sin leer el resto del guión». Tres o cuatro días después llamé al representante de Brando y le dije que ya tenía a otra persona. No se lo podía creer, pensó que era un farol.” La única condición que puso Sinatra, fue que su amigo, Jack Entratter, director de un hotel de Las Vegas, le asesorase sobre la forma y los trucos para jugar al poker como un profesional.


Ava Gadner, entonces esposa de Sinatra, intervino de manera decisiva para que la productora ofreciese a éste el papel por el cual cobró tan sólo 81 $, pero que relanzó definitivamente su carrera como actor y además le sirvió para volver por la puerta grande a la música (tras atravesar una profunda depresión debido a sus problemas con la voz y a la ruptura de sus contratos con diferentes productoras musicales), así como para lograr su nominación al Oscar por una de las mejores interpretaciones dramáticas de toda su carrera, estatuilla que ya ganara por De aquí a la eternidad (1953, Fred Zinnemann).


Éste fue uno de los primeros papeles protagonistas de Kim Novak, cuyo verdadero nombre, Marilyn Pauline, la Universal obligó a cambiar por el de Kim, por presentarla como oponente sexual a Marilyn Monroe. La participación de Novak en distintos spots publicitarios de frigoríficos, propició su debut en el cine el año anterior, aunque también evidenciaba su escasa experiencia, hasta el punto de ser necesarias más de 35 tomas de algunas escenas suyas en El hombre del brazo de oro.


Los hasta entonces desconocidos Elmer Berstein y Saul Bass, comenzaron sus estelares carreras en el mundo del cine de la mano de El Hombre del Brazo de Oro. En relación a Berstein, fue el hermano de Preminger quién sugirió contratar al joven autor. Cuando el compositor se dirigió al director con cierto temor por proponerle una pieza de Jazz totalmente compuesta por música Jazz le dijo: “Tengo una idea sobre la música para la película pero pensé que sería mejor explicártela, antes de que la oigas y me despidas”, a lo que Preminger respondió: “Para eso precisamente te he contratado. Si eso es lo que crees que debes hacer, no se hable más”. De este modo, Elmer Berstein obtendría su primera nominación en los Oscar y su  melodía, creada originalmente para la película, se convertiría en un clásico de su género. En cuanto a Saul Bass, habitual tanto en filmes de Preminger como de Hitchcock, revolucionaría con sus títulos de crédito la forma de presentar un film. Los trazos de sus letras y dibujos, sintonizan a la perfección con la partitura de Berstein, logrando un clímax final en el que se funde la música con la impactante representación gráfica del brazo de oro al cual hace referencia la película.


La escena en la cual Molly encierra a Machine en su habitación y sólo entra en ella cuando éste está a punto de suicidarse, es similar a la que rodó Scott Kalvert en Diario de un rebelde (1995), con Leonardo diCaprio a la cabeza.

La secuencia del pinchazo fue censurada en la mayoría de Estados norteamericanos.


MORALEJA:
“Amaos los unos a los otros, pero no atéis al Amor, dejadle que sea como un mar ondulante entre las playas de vuestras almas. Cantad y danzad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros esté solo; juntos como las cuerdas de la cítara, cada una sola, pero logrando todas la misma melodía. Y estad juntos, en pie, mas no demasiado cerca, pues las columnas del templo se alzan separadas, y el ciprés y la encina no crecen a la sombra uno del otro.” (K.Gibrán. El profeta)


 RECOMENDACIONES ESPECIALES:

* Saul Bass. Carteles de cine: Exposición dedicada al célebre diseñador gráfico estadounidense que se realiza en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 17.02.2013.

* Las mejores películas de la historia del cine: Espacio cinéfilo en homenaje a todos aquellos títulos que han marcado la historia del cine. Totalmente recomendable para amantes del 7º Arte.