martes, 31 de enero de 2012

LA NOCHE DEL CAZADOR (The Night of the Hunter)


DIRECCIÓN: Charles Laughton
AÑO: 1955
GUIÓN: James Agee (adaptación de la novela de Davis Grubb de 1953)
B.S.O: Walter Schumann
FOTOGRAFÍA: Stanley Cortez
REPARTO: Robert Mitchum (“Predicador” Harry Powell), Peter Graves (Ben Harper), Billy Chapin (John Harper), Sally Jane Bruce (Amy Harper), Shelley Winters (Willa Harper), Lillian Gish (Rachel Cooper), James Gleason (Birdie Steptoe), Evelyn Varden (Icey Spoon), Don Beddoe (Walt Spoon)


“No te importa que yo mate, tu libro está lleno de muertes. Pero hay algo que tú odias, Señor. Los seres perfumados, suaves como encaje, de cabellos delicados...” (Harry Powell)

Érase una vez una sórdida y turbadora fantasía, propia de los sueños más expresionistas, en la cual confluyen infinidad de referencias, tanto bíblicas, como al cine mudo de Griffith (de ahí la presencia de Lillian Gish) o a cuentos del tipo Hansel y Gretel. En este genuino sueño pesadillesco, se narra entre otras cosas, las consecuencias de un exacerbado fanatismo religioso o  la eterna lucha entre el bien y el mal, representados en la altruista y escéptica señora Cooper y el perverso y psicopático “predicador” Powell, cuyas manos tatuadas con las palabras Amor y odio, escenifican esa continua y encarnizada batalla que libra todo ser humano alguna vez en su vida. Contrasta que entre tanta tenebrosidad y mordacidad, surja un film cuyas imágenes destilan poesía y belleza por cada uno de sus poros, donde hasta la muerte, se presenta como un ánima de singular belleza dotada de un cierto halo melancólico, pero sin la necesidad de llegar a derramarse una sola gota de sangre.


Asimismo, se hace patente la influencia de Fritz Lang (director de cine austríaco y artífice del cine negro que contribuyó al movimiento expresionista con películas como Metrópolis, en 1927), ante todo, por el ambiente onírico con tintes mitológicos que extiende sus largos dedos por cada una de las escenas y que Laughton supo retratar a imagen y semejanza de un cuento infantil con lobo inclusive. Un enigmático mundo de grotesca ilusión, en el que los bosques son feudos habitados por adultos con apariencia de colosos diabólicos o los lagos, el reinado de la ninfa Salmacis que se apoderó de Hermafrodito hasta la eternidad con una peculiar artimaña, ¿acaso existe mejor modo de mostrar el sinsentido de los adultos, esos seres cínicos y degenerados, obsesionados con sus juguetes de mayores llámense dinero, sexo, poder...?


 Eso sí, no se les ocurra verla a plena luz del día, pues perdería el embrujo que de sueño élfico (o pesadilla, si lo prefieren) contiene o si carecen de la capacidad de ensoñación idónea para sumergirse en un esperpéntico cuento cargado de magia. ¿Se han decidido ya? Atentos pues, ya no hay marcha atrás, nos adentramos en el único mundo donde cualquiera podría convertirse en el dueño ¿o dueña? de sus sueños...


SINOPSIS:
Nos encontramos en la Norteamérica de la depresión, donde la miseria reina por doquier. Tras cometer un atraco en el que mueren dos personas, un sencillo padre de familia, regresa a su hogar y esconde el botín, confiando el secreto a sus dos hijos. Al ser detenido y antes de ser ajusticiado, comparte la celda con un “falso profeta cubierto con piel de cordero, pero que en su interior es fiero como un lobo” de inciertas intenciones, al cual habla del dinero en sueños. Cuando es liberado, este  falso profeta acude al pueblo del atracador, obsesionado por hacerse con el botín y utilizando a tal fin las más viles argucias. La lección moral corre a cargo de los dos niños protagonistas, cuya inquebrantable voluntad no les permite incumplir la promesa realizada a su progenitor. De hecho, el primogénito es capaz de desenmascarar al temible lobo feroz disfrazado de adulto, intentando ayudar a una madre que sin embargo no ejerce como tal o protegiendo a su hermana y enfrentándose finalmente a su pasado, rompiendo la promesa que hizo, para salvaguardar la integridad de aquellos a quienes realmente ama. Un desenlace excepcional, para una película irrepetible.


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES:
La trama se basa en la historia real de Harry Powers, quien fue ahorcado en 1932 por los asesinatos de dos viudas y sus tres hijos en West Virginia.


El papel de Harry Powell se pensó en principio para Gary Cooper, pero éste lo rechazó por considerar que podría influir negativamente en su carrera.

En la versión española, se sustituyó el nombre de la niña (Perl) por May.

Por otra parte, Laughton planeaba dirigir una adaptación cinematográfica de Los desnudos y los muertos (Norman Mailer), pero tras el inmerecido fracaso de La noche del cazador (su primera película como director), cambió de opinión y nunca volvió a dirigir de nuevo. Pasado el tiempo, Mitchum, afirmaría que Laughton se había convertido en su director favorito y La noche del cazador, en la mejor película en la cual había actuado.

Asimismo, Stanley Cortez, director de fotografía de La noche del cazador (cuya composición de luces y sombras, enfoques de cámara y encuadres de escenas, resultan realmente sobrecogedoras), trabajó también con Orson Welles en El cuarto mandamiento, además de en El hombre de la torre Eiffel (basada en una obra de G. Simenon, dirigida por el actor Burgess Meredith).


Los elementos simbólicos que se dan durante el transcurso del film, son otros de sus rasgos característicos, tanto bíblicos: al referirse el “predicador” a las palabras Amor y odio tatuadas en sus manos; asemejando el viaje de los niños por el río al primogénito arrojado al agua y salvado por los dioses, como sucedió con Moisés, Rómulo y Remo, Perseo, etc... simbolizando la embarcación a un útero flotante; o al hecho de “renacer (salir) de las aguas”, como adultos, tras haber pasado la prueba iniciática, y fálicos: como el reverendo Powell, que siente un odio exacerbado hacia toda fémina, y reacciona ante un espectáculo de strip-tease abriendo la navaja que oculta en el bolsillo de la mano que lleva escrito “odio”, rasgando así su chaqueta. Más adelante, ocurrirá algo similar cuando una adolescente intenta seducirle.


ESCENAS MEMORABLES:
La escena del tren, donde viaja el falso predicador hacia el pueblo en el cual reside la familia, simbolizando que el mal se acerca.

La lucha entre luz y tinieblas, cuando Willa se encuentra en la habitación y descubre el porqué de su matrimonio, donde la iluminación tiene tanto qué decir como los personajes.


La persecución final, en la cual los niños viajan a bordo de la barca del padre, como la paradoja de una ayuda final del cielo.


MORALEJA:
“Los cuentos de hadas no le proporcionan al niño su primera intuición de la existencia de los espectros. Lo que le proporcionan por vez primera, es la intuición clara de que es posible derrotarlos”. (Chesterton, El ángel rojo)

 - THE END -


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